CONVIVIR CON LA ENFERMEDAD MENTAL

Mira con los ojos de otro, escucha con los oídos de otro y siente con el corazón de otro.

Alfred Adler

Los trastornos mentales figuran entre las patologías más comunes en la sociedad actual. Tanto es así que el 25% de la población padecerá alguna enfermedad o trastorno mental a lo largo de su vida.

En España hay más de 250.000 personas que desarrollan un trastorno mental grave. Sin embargo, las enfermedades mentales siguen siendo socialmente poco conocidas y las personas que las sufren pueden ser víctimas del estigma social, así como de un proceso de propia discriminación hacia ellos mismos y hacia otras personas en su misma situación o similar, y es que las personas que padecen algún trastorno mental y que no lo reconocen, suelen atacar a las personas que consideran «débiles», bien sea por falta de empatía, por resultarles un espejo o porque simplemente advierten que esas personas no van a comportarse como a ellos les gustaría.

Clases de enfermedades mentales

Las principales clases de enfermedades mentales (no son todas las que detallo a continuación) son las siguientes:

  • Trastornos del neurodesarrollo. Esta clase abarca una amplia gama de problemas que generalmente comienzan en la infancia o niñez, a menudo antes de que el niño comience la escuela primaria. Algunos ejemplos incluyen el trastorno del espectro autista, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y trastornos del aprendizaje.
  • Trastorno bipolar y trastornos relacionados. Esta clase incluye trastornos con episodios alternados de manía (períodos de actividad excesiva, energía y excitación) y depresión.
  • Trastornos depresivos. Estos incluyen trastornos que afectan la manera en que te sientes emocionalmente, como el nivel de tristeza y felicidad, y pueden afectar tu capacidad para funcionar.
  • Trastornos de ansiedad. La ansiedad es una emoción caracterizada por la anticipación de un futuro peligro o desgracia, junto con una preocupación excesiva. Puede incluir comportamientos con el objeto de evitar situaciones que causan ansiedad. Esta clase incluye el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno de pánico y las fobias.
  • Trastorno obsesivo compulsivo y trastornos relacionados. Estos trastornos implican preocupaciones u obsesiones y pensamientos y acciones repetitivos.
  • Trastornos relacionados con el trauma y el estrés. Estos son trastornos de adaptación en los cuales una persona tiene problemas para lidiar con una situación estresante de la vida durante o después de esta. Algunos ejemplos incluyen el trastorno de estrés postraumático (TEPT) y el trastorno de estrés agudo.
  • Trastornos disociativos. Estos son trastornos en los cuales el sentido de sí mismo se ve alterado, como el trastorno de identidad disociativa y la amnesia disociativa.
  • Trastornos alimenticios y de la alimentación. Estos trastornos incluyen problemas relacionados con la alimentación que afectan la nutrición y la salud, como la anorexia nerviosa y el trastorno por atracones.
  • Trastornos de mal comportamiento, control de los impulsos y de la conducta. Estos trastornos incluyen problemas de autocontrol emocional y conductual, como la cleptomanía o el trastorno explosivo intermitente.
  • Trastornos relacionados con las sustancias y las adicciones. Estos incluyen problemas asociados con el uso excesivo de alcohol, cafeína, tabaco y drogas. Esta clase también incluye el trastorno del juego compulsivo.
  • Trastornos neurocognitivos. Los trastornos neurocognitivos afectan la capacidad para pensar y razonar. Estos problemas cognitivos adquiridos (en lugar de problemas de desarrollo) incluyen el delirio, así como trastornos neurocognitivos debidos a afecciones o enfermedades como lesiones cerebrales traumáticas o la enfermedad de Alzheimer.
  • Trastornos de personalidad. Un trastorno de la personalidad implica un patrón duradero de inestabilidad emocional y comportamiento poco saludable que causa problemas en la vida y en las relaciones. Algunos ejemplos son los trastornos límite, antisocial y narcisista de la personalidad.

En próximas publicaciones iré desarrollando un poquito más alguno de los trastornos menos conocidos, pero hoy me gustaría centrarme en lo que para mí significa convivir con personas con trastorno mental. Convivir con personas así desde la infancia es duro, muy duro. Cuando eres niño necesitas un ejemplo a seguir, general una base sólida construida a base de amor, respeto, tolerancia… Un entorno donde los gritos, las peleas, los cambios de humor y los golpes se combinan de un modo totalmente aleatorio con sonrisas, besos y amor y entrega absolutos vuelve majara a cualquiera. Con esto no quiero decir ni mucho menos que las cosas que nos pasan de mayores sean responsabilidad de lo que vivimos de pequeños, de hecho no puedo estar mas en desacuerdo con este tipo de sentencias, pero por otro lado es innegable que lo que vivimos de pequeños afectará en nuestras relaciones futuras con el trabajo, con las personas, y con nosotros mismos sobre todo.

Vivir con una persona con un trastorno mental desgasta. Vivir con una persona que puede cambiar de comportamiento radicalmente en menos de 1 segundo cada día varias veces es agotador. Y qué se puede hacer? Aprender a ser aún más fuerte, más empático, a buscar vías de escape y a valorar que tú puedes hacer algo para que esa persona pueda sentirse un poquito mejor.

Y todo lo anterior, así escrito queda súper bien pero, entonces, cuando tú tienes un día sensible, cuando pasas por una época regulera, cuando necesitas una sonrisa… Y haces todo lo posible por crear un mundo más bonito, hacer deporte para soltar la ansiedad y los malos rollos y cargarte de energía, preparas una comida rica, limpias la casa… Y te insultan, te miran con desprecio y (una vez más) hunden la montañita de alegría que habías construído con esfuerzo? Que pasa cuando vuelven a pisotearte una vez más porque hoy te ha tocado a tí? Cómo reaccionar? Cómo no sentirte la mierda más mierda cuando alguien de tu familia te trata así a tí, solo a tí, y con el resto sigue como si nada? Y la única respuesta que puedes recibir es, «ya sabes cómo es, déjalo estar…» Quién cura esas lágrimas rotas? Quién avanza cuando vuelven a llenar de barro la habitación que tanto te había costado limpiar y decorar para hacer tu vida más bonita? Pues ni idea.

No soy psicóloga, no pretendo dar lecciones de nada, para mi y para cualquiera es una putada convivir desde pequeño con situaciones así. Empatía, perdón, olvido… A mi eso me ayuda a comprender, pero no me ayuda a dejar de sufrir. Qué bien sentaría poder pegar un puñetazo en la mesa y decir mirando a esa persona «Pero es que acaso te crees que eres el puto centro del universo? Que puedes hacer y decir lo primero que se te pase por la cabeza sin valorar el daño que puedes hacer con ello? Es que no te das cuenta de la jodida suerte que tienes colega? No tienes ni puta idea de lo que es escucharte un día tras otro todas tus mierdas sabiendo que no haces absolutamente nada por mejorar más allá que vivir en la autocomplacencia y la justificación más absurda.»

Pero obviamente no, la vida por suerte enseña que contar hasta diez, respirar y salir a dar un paseo hace que veas las cosas de otra manera, así que aquí os dejo mis 5 trucos infalibles para evitar que el ogro respondón salga de mi mente dirigido como un chorro de voz desalentador hacia el «enemigo» 😉

1. Piensa antes de hablar

En un momento de enojo, es fácil decir algo de lo que luego te arrepentirás. Tómate unos momentos para ordenar tus pensamientos antes de decir algo, y permite que las otras personas involucradas en la situación hagan lo mismo. Tan pronto como puedas pensar con claridad, expresa tu frustración de una manera asertiva pero no confrontativa.

2. Haz ejercicio

La actividad física puede reducir el estrés que te puede provocar enojo. Si sientes que aumenta tu enojo, sal a correr o caminar enérgicamente, o dedica un tiempo a hacer actividades físicas que disfrutes.

3. Identifica las posibles soluciones

En lugar de concentrarte en lo que te molestó, trabaja para resolver el problema en cuestión. Recuerda que la ira no va a solucionar nada y posiblemente empeore el problema.

4. No guardes rencor

El perdón es una herramienta poderosa. Si puedes perdonar a alguien con quien estás enojado, podrías aprender de la situación y fortalecer tu relación con esa persona.

5. Usa el humor para aliviar la tensión

Tomarse las cosas con calma puede ayudar a aliviar la tensión. Utiliza el humor como ayuda para afrontar lo que te enoja y, posiblemente, las expectativas poco realistas que tengas sobre cómo deberían ser las cosas.

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