PAPÁ

Las mujeres podéis lograr todo lo que os propongáis en la vida… ¿que cómo lo sé? Me lo has enseñado tú Sara. Nunca dudes de tu capacidades, hija.

Papá

Nuestros padres… Nuestros padres, y hablo de los padres de la gente de mi generación son todos unos superhéroes. Cagahostias, sí, y mucho, pero súper héroes.

Nuestros padres, en su gran mayoría, pertenecen a una generación que no ha recibido una educación de sus padres (afectiva, lectiva y económicamente). Que siguen cuidando de nuestros abuelos y que se dan con un canto el los dientes por recibir una absurda pensión después de trabajar a lomo caliente desde su más tiernas infancia. Muchos de nuestros padres, sin acceso a estudios superiores, ya andaban trabajando con catorce años, de sol a sol, por llevar unas perras a casa. Casas donde se colaboraba porque es lo que había que hacer, sin más, sin pensar en si estaban siendo explotados o maltratados o si el karma de antiguas generaciones les iba a generar un trauma de por vida.

Nuestros padres son cagahostias, ex-currelas, fans de los boleros y del “bailar apretao”, de las comidas de café-copa-y-puro, y de poca cosa más, que bastante jarana han tenido, como para andar aprendiendo idiomas y mindfullness.

Yo tengo la suerte de tener a mis dos padres vivos, mayores, con sus achaques típicos de la edad y sus carácteres puñeteros, pero… vivos. No todo el mundo a mi edad puede decir lo mismo. Tengo amigos cuyos padres han desaparecido antes de tiempo, amigos que fueron niños sin padre, o sin madre, amigos que no saben lo que es ver envejecer a los suyos, así que puedo decir con la boca bien grande que me siento una persona muy afortunada.

Con esto no quiero decir ni mucho menos que mis padres sean unas personas ejemplares, de hecho, en mi caso, puedo decir que con sus reacciones y modo de ver la vida, me han enseñado más a qué no hacer, qué no decir y cómo no comportarme que a otras cosas. Qué es lo que sí me han inculcado? El valor que tiene ser independiente a todos los niveles. El que nadie va a venir a buscarme a mi puerta. El valor del esfuerzo, del trabajo duro, de no rendirse y de secarse las lágrimas aunque duela, y el de tirar p’alante porque es lo que hay y punto.

Recuerdo cuando era pequeña, mi padre siempre me decía, “Sara, dedícate a lo que quieras, vive como quieras, pero nunca nunca nunca dependas de nadie económicamente, se independiente para ser libre, y siendo libre serás feliz”. Y con eso me quedo.

Y cuando aun a día de hoy le miro a los ojos, esos ojos llenos de cansancio acumulado y de la sabiduría que dan los años aún me resuenan sus palabras. Y esta semana es el día del padre, y lo celebro, porque el mío sigue vivo, y porque mientras así sea allí estará su mirada para recordarme que a esta vida hemos venido a ser felices.

Feliz día a todos los padres del planeta, y feliz día para todos los padres que ya no están…

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