Echar de menos es bonito

Madurar es aprender a querer lo bonito, extrañar en silencio, recordar sin rencores y olvidar despacito.

Frida Kahlo

Hoy hace cuatro meses que mi abuela se fue al cielo; donde quiera que estés yaya.. cómo te lloro todavía y cómo sonrío al pensarte; te fuiste, pero te quedaste en mis mejores instantes ❤️. Hoy hace una semana que no veo la tripa de Rocío, y he visto una foto de esa barriguita flanqueada por Sadie y Bowie, y he pensado que hoy hubiera sido un día en el que me hubiera gustado que todavía fueramos vecinas para salir a dar un paseo y terminar tomando algo en la plaza de la Virreina, hablar de libros, comer gusanitos y comprar algún disco para la colección. Hoy hace dos años que no me pongo vestido de club de latin jazz, de soul R&B, que no bailo a Jimmy Radcliffe, Etta James o Mongo Santamaría. Hoy no voy a hacer de canguro de Mónica ni voy a compartir un thali vegano con Imma mientras diseñamos nuevas recetas cargadas de fermentos, probióticos e ingredientes dificiles de pronunciar.
Hoy me he despertado sin mensaje ni caricia de buenos días y he echado de menos esas mañanas en las que he recibido mensajes bonitos que me alegran, me dedican canciones, momentos, y me hacen sentir especial, porque si algo bonito tienen los móviles es la inmediatez de un ”te pienso-te extraño-te escribo”, y aunque nunca suplirán la dulzura de un beso de buena mañana, el olor a café recién hecho o una nota escrita a mano, una pantalla de móvil con un ”me he despertado y pensarte me ha hecho sonreir” puede casi casi considerarse el nuevo romanticismo hecho post-it virtual del s.XXI.

Hoy hubiera sido el día perfecto para subir corriendo con algun maasai al Turó del home, hablar de “bambas”, serpentear entre “corriols” sorteando “arrells”, “esmorzaret amb forquilla” y terminar la tarde paseando en la playa de caldetes, viendo el atardecer con una copa de estrella bien fría. Hoy ha tocado echar de menos, hoy ha llegado el día.

Y hoy ha tocado llorar pero bonito.

Es bonito tener personas a las que echar de menos, porque eso implica que han rondado por tu vida y has compartido momentos memorables, risas, abrazos, momentos cómplices.. y que siguen ahí aunque ya no las puedas ver.

Es bonito echar de menos un ”buenos días” cada mañana, porque eso significa que alguna vez lo he tenido, lo he disfrutado, me ha vuelto más tierna, más humana, me ha enseñado el valor de una nota escrita a mano, de la sensación del tacto de unas sábanas aún calientes, del confort de una piel que te abraza, de unos brazos que te buscan y de unos ojos que brillan.

Es bonito echar de menos correr por la montaña y pasear por el mar, porque implica que mis piernas son fuertes, mi energía sigue intacta y mi amor por la naturaleza en toda su expresión no se ha perdido.

Es bonito echar de menos porque es señal de que he tenido. Echar de menos es sonreír de pronto sin tener ningún motivo, es llorar como una niña en el silencio de mi hogar de adulto.

Como diría Mario Benedetti “Nadie nos advirtió que extrañar es el costo que tienen los buenos momentos.

Hoy es el primer día en el que echo de menos todo esto, hoy es el primer día que soy plenamente consciente de que ahora estoy aquí. Y es bonito acabar por fin este cuaderno, porque eso significa que empiezo curso, y me encanta el olor de los libros nuevos.

Y hoy es luna llena, y la primavera por fin está al caer, y volverán las flores, que también la echaba de menos 🌸.

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