Los miedos compartidos

«Existe gente que está tan llena de sentido común que no le queda el más pequeño rincón para el sentido propio.»

Miguel de Unamuno

Siempre se suele decir eso de que la experiencia es un grado; sin duda es un grado dispuesto a elevarnos a la máxima potencia si aprendemos de nuestras experiencias para hacernos más fuertes, más maduros, más sinceros, más valientes y más.. más vulnerables.

Está claro que comenzar un nuevo trabajo, una nueva relación, una nueva amistad.. no es lo mismo con diez que con veinte y mucho menos con cuarenta o más años, pero (abro debate): debería esto significar un cortapisas de cara a mostrarnos como somos o como sentimos?

Hacía mucho tiempo que no escribía poesía. Me gusta escribir, pero no siempre me siento inspirada, y menos aún cuando se trata de escribir desde las entrañas. Escribo un poema solo cuando lo siento. Es entonces cuando las palabras empiezan a brotar cual café mañanero de cafetera italiana, se entrelazan en mi cerebro y me piden que las escupa en papel, que necesitan salir de mí, cerrar ese circuito corazón-cerebro-papel.

El poema que escribí se tituló a sí mismo “Quiero que me brilles”

Dice así:

Quiero que me brilles la piel con tus besos, que cada caricia sea una chispa que me brille en el cuerpo.

Quiero peinar el brillo de tu cabello, dormir cada noche con el ruido de tu silencio.

Quiero tu sonrisa como brillo mañanero, compartir juntos un café, el día y nuestros sueños.

Quiero que brilles mi camino, que tu mirada me guíe, que abramos juntos nuevos senderos.

Quiero brillarte con mi saliva, quiero brillarte de placer con mis dedos.

Quiero que brillemos juntos, que el brillo compartido se contagia, y crea un mundo más bonito y más sincero.

Quiero que no te apagues nunca, porque si tú no me brillas, yo muero.

Y así salió de mí este poema, cargado de sentimiento, como un rayo disparado con tinta de bolígrafo de colores.

La reacción? Seca, heladora. Mis inseguridades? Llegaron. Y así acabó mi semana, entre miedos, cansancio y decepción. “No tenía que haberlo leído en público, me he desnudado demasiado, mejor en mi mundo de cristal, donde nadie puede romperme, que esto no es lo que se lleva, que la gente ya está de vuelta de todo, que qué pequeña me siento ahora, que bla bla bla..”

No lo volveré a hacer más.

Y de repente PUM!! Hoy una niña llega a mi consulta y me trae este dibujo:

Ok. Rebobinemos.

Una niña que me ha visto dos veces en su vida me regala este dibujo, una mirada llena de cariño y me dice que me quiere. Y le da igual todo. Lo hace, me lo da, me abraza y se va corriendo. Y probablemente ni se le ha pasado por la cabeza “igual se piensa que estoy tonta” “seguro que otra niña le ha hecho un dibujo más bonito” “seguro que si le digo que la quiero se va a aprovechar de mí”

Pues no, es una niña de corazón de oro y me dice que me quiere porque le sale así.

Los adultos somos niños cargados de miedos. Y como dice mi gran amigo Xavi “Sara, miedos tenemos todos, los miedos son compartidos!! Pero solo algunos los mostramos y los compartimos con nuestros cómplices”

No darlo todo en un nuevo trabajo por miedo a que el jefe se aproveche de tí, no abrirte del todo en una nueva amistad por miedo a que esa nueva amiga cuente tus secretos a otros, no ser una explosión de amor absoluto cuando crees que has encontrado a tu alma gemela es señores una gilipollez como un piano de grande. Una gilipollez muy común, y cuya normalidad no la exonera de ser gilipollez y grandísima como un piano de cola.

Seguiré abriendo el grifo de la poesía cada vez que quiera abrirse paso, y lloraré porque creo que el mundo adulto se me queda grande. Al menos aún quedan bolis de colores.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s