El cuento de la cacerola y el cucharón

Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que juzgar a los otros. Si consigues juzgarte rectamente es que eres un verdadero sabio.

El Principito

Érase una vez una cacerola de cristal que vivía en una tienda de cocina; un mundo repleto de cacerolas alternativas. Había cacerolas de barro, de hierro fundido, de aluminio, de cobre.. y ella era de cristal.

Se miraba al espejo y se veía diferente al resto, sabía que era igual hasta más bonita, más reluciente, de una transparencia y un brillo que llamaba la atención. Todo el mundo que pasaba se la quedaba mirando, no pasaba desapercibida para ningún chef.

Un buen día un chef de alta cocina gourmet pasó por la tienda y deslumbrado por la delicadeza de la olla decidió comprarla para su cocina privada. “qué nervios!! Pensaba la olla, por fin un chef me va a dar uso!! Espero estar a la altura de sus expectativas, me va a dar un hogar y un montón de compañeros para poder cocinar juntos”.

Lo que no sabía la olla era que su fragilidad la hacía menos resistente a los cambios de temperatura, que no era apta para todos los fuegos o utensilios, era una pieza tan auténtica que sólo podía ser utilizada para cocciones muy concretas. La olla desconocía totalmente estos datos porque no venía en caja con instrucciones como otras herramientas de cocina.

Nuestra olla, lejos de asimilar esto, empezó a fijarse en cómo actuaban el resto de ollas, escuchaba sus consejos, se colocaba encima de fuegos de inducción que no le calentaban, en fuegos de gas que la agrietaron por dentro, se dejaba llenar por cazos de aluminio que la llenaban de rayas y poco a poco fue perdiendo su intrínseco brillo y delicadeza.

Un buen día, la olla, escuchó de lejos la voz de un cucharón de madera. Se veía que había llevado también una vida diferente, con alguna parte pelada o quemada, a lo cual la olla le preguntó “y no te duele?” A lo que el cucharón le contestó “en absoluto!!” Ni te imaginas la de experiencias que me han dado todos estos quemazos, además ahora ya sé qué es lo que me sienta bien y me centro en esas recetas y utensilios para seguir disfrutando del placer de cocinar, quieres que cocinemos juntos?”

Menudo dilema.. Nuestra querida olla de cristal estaba tan desgastada que solo pensaba en dejarse llenar de polvo en una esquina, había dejado incluso de querer ser una olla!! Se sentía una impostora por no ser capaz de cocinar igual que el resto e increíblemente fea para que nadie quisiera cocinar dentro de su agrietada superficie. Además le daba un miedo atroz que alguien se pudiera quemar cocinando con ella porque al ser de cristal ardía con mucha facilidad. Había aceptado que jamás sería una olla al uso.

El cucharón no aceptó un no por respuesta y empezó a proponerle cocinar recetas juntos. Nuestra olla que no podía evitar su deseo de que alguien quisiera cocinar con ella e increíblemente atraída por la calma, la paciencia y la armonía de su nuevo amigo asintió a la propuesta pensando que al ser un cucharón de madera sus propuestas no le dolerían como en ocasiones anteriores; había pasado tanto tiempo encerrada en su estantería ocupada pensando recetas nuevas, métodos de cocción y utensilios de cocina novedosos que pensó que estaba más que preparada para asimilar todas las recetas exóticas que le proponía su nuevo amigo cucharón de madera.

“Tiene que molar mil ser un cucharón de madera, nada te puede romper ni estropear, no como a mí, que mira qué mal me ha tratado la cocina.. con mi nuevo amigo podré quejarme de mis quemazos, explotar si me arde una grieta y protestar si algo no me gusta, además es un cucharón, qué sabrá él de sufrir en la cocina si lo único que ha hecho ha sido dedicarse a remover mientras otros cocinaban por él, vaya suerte de vida, no como la mía.” Y así parloteaba la cabecita de nuestra olla de cristal mientras su otra parte escondida se moría de miedo pensando en lo genial que le había caído su amigo cucharón, en lo feliz que era mientras este le proponía nuevas recetas, cómo le gustaba que cocinara en ella.. La verdad es que ya no le apetecía pensar en una vida lejos de su cucharón, pero como nunca había sido tratada con dulzura no sabía expresar esta emoción, solo quejarse de sus grietas y llorar por sus quemazos, porque le dolían muchísimo. Nuestra olla se había vuelto excesivamente sensible, quejica e impulsiva y no tenía herramientas para cambiar la situación. Ese era el punto. Anhelaba tanto sentirse querida y tenía tan pocas herramientas a la mano que no sabía expresar sus quemazos desde la calma ni prevenir a su nuevo amigo porque todo era nuevo para ella.

Pasó el tiempo y nuestro cucharón se volvió más y más triste, removía los ingredientes con desgana y dejaba la olla sin fregar. “Qué te pasa amigo?” Le preguntó nuestra olla, “has encontrado una olla mejor? Si yo soy la única olla de cristal de la cocina!! Te aseguro que nadie va a cocinar recetas tan ricas como nosotros juntos, además tú puedes cocinar cualquier cosa, puedes adaptarte a mis cambios de temperatura y aceptar todas mis grietas manejándolas con mimo” El cucharón no contestó. Por primera vez no propuso recetas, no removió la receta con mimo.. Simplemente no contestó. Fue ese el momento en el que nuestra olla se acercó a ver qué pasaba y fue consciente de la cantidad de grietas, rayazos y partes negras que llevaba su amigo cucharón encima. Qué torpe y qué mal se sentía por ello. Había estado tan absorta en intentar cuidar de sus grietas, llorar con sus quemazos y soñar con recetas nuevas que había pasado totalmente de largo el cuidado de cucharón, su limpieza, y su bonita y delicada madera.

Las personas, al igual que las herramientas de cocina, no tienen la suerte de nacer de acero inoxidable de alta gama. Hay personas de cristal, de madera, de plástico.. Y al igual que con las herramientas de cocina su trabajo como persona y habitante del planeta reside en ser consciente del material con el que está diseñado y adaptarse a las recetas que puedan serle útiles sin menospreciar el trabajo en equipo con herramientas de otros materiales y siendo conscientes de que no por ser de otro material o haber llevado otra vida no han sufrido lo suyo.

Autocuidado, aceptación, respeto y cariño.

Qué herramienta eres tú?

Con este cuento cierro un año precioso e increíblemente mágico para mí, un año que ha llenado mi cocina de herramientas maravillosas y recetas que jamás hubiera pensado. Mi deseo para este 2023 que está casi aquí? Que nunca me falten todas estas herramientas que tan plena hacen mi pequeña y desordenada cocina.

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