Tú decides tu mochila

Y la vida siguió
Como siguen las cosas que no tienen mucho sentido

Dentro del corazón
Y esta racha de amor sin apetito
Los besos que perdí
Por no saber decir, te necesito

Joaquin Sabina

A día de hoy existen más tipos de mochilas que yogures en la cámara frigorífica de Carrefour. En esta vida, bien sea por vivencias, por filosofía de vida, por carácter o por cultura cada uno vemos las cosas desde nuestro prisma, con nuestra mochila, y para que haya entendimiento tiene que haber comunicación. La comunicación es innegociable. No sólo la comunicación con el “otro” si no la comunicación con nosotros mismos. Ser capaces de reservar un espacio para sentirnos, escucharnos y ser sinceros con nuestro corazón y nuestros ideales.

Soy mujer de ideas claras, respuestas rápidas y facilidad de adaptación. Soy de las que siempre he pensado que si uno quiere, no duda. Para mi es difícil entender que la gente sí tiene dudas. Que puedes estar súper enamorado de alguien pero alejarte porque dudes de si vas a ser capaz de estar a la altura de las circunstancias, de adaptarte a una vida en común o simplemente porque te da miedo decir “te necesito”, “necesito más tiempo contigo”, o “necesito más tiempo para mí”, “tengo miedo”, “me pasa esto, necesito compartirlo contigo”, “ siento que me pides demasiado”, “no te veo bien, puedo ayudarte?”… Que puedes amar tu trabajo y estar a disgusto por no decirle a tu compañero “necesito que hables más bajito”, “preferiría que gestionáramos esto de otra manera”… Y un largo etcétera.

Benditas dudas cuando son compartidas porque sólo así pueden ser entendidas.

Hace tiempo que decidí llevar una mochila ligera, mochila tipo corredor, salir de casa con lo justo y afrontar el día. También es verdad que hace un tiempo que he tomado consciencia de que llevo un par de lastres en los tobillos que no me dejan caminar como me gustaría y que además pueden hacer tropezar a quien se acerque a mí; por suerte me he dado cuenta (a tiempo espero) y he decidido aceptarlos como parte del equipaje y contratar a un Sherpa para que me ayude a portearlos al menos hasta que sea capaz de llevarlos sola o mejor aún, que los tire montaña abajo como si fuera un alumno de un curso de alta montaña en clase de auto detención .

Existen otras personas que van con mochila de alpinista en plena expedición en autosuficiencia, los admiro. Cargan con una cantidad de recursos brutales y son capaces de autogestionarse, conocer sus ritmos, no dudar jamás y no pedir ayuda. Los admiro pero no me identifico con ellos. Compartir es una de mis palabras favoritas y caminar por la vida haciendo equipo, sabiendo que puedo contar con otros y que esos otros también se sienten felices por contar conmigo (y que lo hagan) me hace sentir una mujer completa, plena y muy muy feliz, aunque a veces compartir implique pasar un poco de frío porque has dejado tu chaqueta al otro o compartir tu bocadillo porque a tu compañero de cordada le cuesta más acordarse de prepararse algo de comer.

Y luego están los que van por la vida con el bolso de madre. Me flipan los bolsos de madre. Son esos bolsos que les veo a mis amigas, mis pacientes… Bolsos que pesan un quintal, que les dejan la espalda a la virule y que además están llenos de cosas que no sirven, que no utilizan y que a veces hasta se les caducan dentro. Y digo yo, y para qué llevan semejante bolso? Pues… “Por si acaso”… AHA. Por si acaso qué? Por si acaso un ataque zombie? Porque dudo de si lo voy a volver a necesitar, porque aunque sé que llevar galletas de chocolate no me conviene prefiero cargarlas porque siempre han estado ahí. AHA-AHA Y AHA.

Elije tu mochila. Cámbiala si quieres, no es obligatorio llevar siempre la misma. Que hayas nacido con bolso de madre no significa que no puedas vaciarlo y convertirlo en una mochila de alpinista. Comparte tu mochila si está bien amueblada, te sorprenderá lo que puedes llegar a recoger repartiendo (lo que no das, te lo quitas!)

Me quedo con mi filosofía mochilera. Compartir mis miedos, mis dudas, mis fortalezas y mis conocimientos. Que igual yo llevo una cuchara dentro, y tú un plato hondo, y tú un vaso, y tú un vino y juntos nos montamos una merendola de las que hacen historia de por vida.

Cómo mola Sabina…mente

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